Dr. Sebastian o 17
La primera vez que vi al doctor Sebastian, iba derivada por mí
medico clínico, porque me dolía mucho la cabeza y el clínico, tras una radiografía,
supuso que era rectificación de cervical y una contractura de los hombros.
El Dr. Sebastian es el traumatólogo asociado de mi medico clínico,
así que me mando a verlo a el.
Cuando entre en el consultorio, me impacto su altura. A
duras penas yo le llegaba hasta el pecho.
Tras sentarnos cada uno en su silla, y de explicarle porque estaba ahí,
le di las radiografías y mientras él las mirabas lo estudie a gusto. Tiene una
cara de nene bueno, con mandíbula cuadrada y ojos color pardos. El pelo negro,
con algunas canas desparramadas. Le calcule unos treinta y pocos.
Cuando termino de mirar las placas él se acerco a mí y me
toco el hombro. Por reflejo salte. Retrocedió un paso y me explico que para revisarme
tenía que tocarme.
-
lo se, respondí poniéndome colorada ante mi reacción exagerada.
Perdona no se porque reaccioné así.
-
No pasa nada. Puedo tocarte?
-
Si, si. Dije poniéndome más roja ante la preguntonta.
Me puso l mano en el hombro con suavidad.
-
Move la cabeza para allá, me dijo mientras el me movía
la cabeza, para un lado y otro.
-
Tenés una contractura increíble, agrego, mientras
bajaba la mano apretando con el pulgar por mi espalda. Vas a tener que hacer kinesiología.
-
Y donde se hace eso?
-
Acá. Yo también soy kinesiólogo, agrego. Te voy a dar
diez sesiones. Las autorizas en la obra social y sacas turno con Paola.
La verdad es que es la primera
vez que veo un traumatólogo- kinesiólogo, pensé. Cuando me esguince la muñeca
(tendiendo la cama, es una larga historia)el traumatólogo me mando a un kinesiólogo
amigo suyo. Pero eran dos personas distintas. En fin… que se yo.
Cumplí con los pasos de la obra
social y saque turno con el de nuevo.
La primera sesión me atendió un
asistente. Un pibe estudiante de medicina que me puso electrodos y nada más.
En la segunda sesión tras los
electrodos me pasaron a un box donde me harían masajes. Me quede sentada en la
camilla esperando hasta que entro el Dr. Sebastian. Otra vez me aturdió su
tamaño… mejor digamos su altura.
Me pidió que me sacara la ropa de
arriba y me acostara. Que el ya volvía.
Obedecí, muerta de vergüenza.
Volvió a entrar y se paró a un
lado de la camilla gire la cabeza tratando de verlo él me miro a los ojos y me
dijo:
-
Sabes que para hacerte masajes te tengo que tocar?
Sonreí, negué con la cabeza y le respondí
-
si lo sé. Me vas a cargar siempre por mi reflejo? La
verdad es que me rompía un poco las pelotas que se burle de mi
-
no, no, me respondió, sólo cuando te tenga que tocar.
-
Bueno, que queres que haga, si no estoy acostumbrada a
que un desconocido me toque (buen… si bien dice que al medico no hay que
mentirle, no le iba a contar toda mi vida y mis apetencia) sonrío, ante mi
afirmación y empezó a masajearme la espalda.
La tercera y cuarta sesión fueron
similares. El Dr. Sebastian me hacia chistes o me contaba de otros pacientes
mientras yo gritaba y gemia cuando el se ensañaba con los nudos de mi espalda.
A la quinta sesión en un lapsus
inconciente (y juro que fue inconciente) mientras el me torturaba se me escapo
en un quejido-gemido-suspiro “que manos ágiles
y fuertes tense” apenas lo dije el se detuvo unos segundos. Me di cuenta que lo
que había dicho se podía mal interpretar y trate de aclarar:
- digo... para los masajes. Tenes
manos ágiles y presionas fuerte los nudos cuando me masajeas la espalda (el no
aclares que oscurece, retumbo en mi mente). El no dijo nada.
En la sexta y séptima consulta
hice electrodos y gimnasia de aparatos sin verlo.
En la octava mientras estaba en
los aparatos con el asistente apareció él y me dio una orden para hacerme un
estudio. Ni me saludo y la camarería que teníamos desapareció. Me sentí una
desubicada. Pero no pensaba hacer nada por recomponer la “relación” es solo el
medico que seguramente no voy a volver a visitar en milenios.
En la novena consulta, el
asistente me indico que fuera al box que me tocaban masajes asíque eu. Entre y
me saque la parte de arriba de la ropa y cuando me disponía a acostarme entro
el Dr. Sebastian, me tape los pechos como pude con la toalla que estaba sobre
la camilla. Él se me quedo mirando y me dijo tenemos que hablar. No entendí de
que. De última nada de lo que había pasado era como para que se ponga tan serio.
Lo que dije de ultima no era tan complicado como para tuviera esa cara y que me
enganchara con el torso desnudo antes de acostarme en la camilla era culpa de
él por no golpear primero (como había hecho en las sesiones anteriores).
-
hablemos. Dije
-
mira no quiero que mal interpretes mis gestos… empezó
diciendo.
-
No mal intérprete nada, lo interrumpí, lo que te dije
no lo considero más que un cumplido. Pelotudo. Si.. pero un cumplido. Se me
quedó mirando y negó con la cabeza.
-
No es sólo lo que dijiste. La manera en que gemís
cuando te hago masajes.
-
No gimo. Me ataje. Me quejo, porque me duele, aclare.
-
No te quejas, me dijo. Gemís. Y lo haces para
provocarme.
-
No se que te habrán hecho creer, corazón. Respondí con
ironía, tirando la cabeza hacia atrás para verle los ojos. Pero yo no trato de provocarte
nada.
-
A ja. Respondió
-
Mira, es bastante simple. No me vuelvas a hacer masajes
y listo. Me queda una sola sesión hago aparatos con tu asistente y ya fue. Dije
enojada por su incredulidad. Me miro a los ojos y claro todas las ideas que no había
tenido con él hasta ahí, se agolparon en el hemisferio derecho de mi cerebro.
Me pidió que me recueste en la
camilla y le hice caso. Me hizo los masajes con mucha mas presión que antes, me
estaba matando. Y claro yo no me queje ni una vez.
En la sesión diez. El asistente
me dijo que valla directo al box. Recién
me había sacado el suéter cuando entro él otra vez sin golpear. Lo mire y le sonreí, pero ni le hable.
Con voz osca me indico que me
siente en la camilla. Me senté. Se paro detrás Mio y empezó a tocarme la
espalda como en la primera consulta. Toda la buena onda que teníamos las
primeras sesiones se había ido. Me pregunto algo y como no entendí le pedí que
me lo repita.
-
no seas chiquilina. Me dijo
-
perdón, no soy chiquilina. Respondí. No entendí que
dijiste.
-
Claro, por eso ni me saludas. Por eso en la última sesión
no dijiste nada.
-
Bueno si me quejo, porque me quejo. Si me callo porque
me callo. Quien te entiende?
Me apretó el hombro con fuerza y
yo chille. Rodeo la camilla y se puso frente a mis rodillas. Tire la cabeza
hacia atrás para verlo a los ojos. Y me humedecí los labios con la punta de la
lengua el bajo la cabeza y quedo a cinco centímetros de mi boca. Yo sabia que
el quería demostrar su punto. Y que si yo acortaba la distancia le daba la
razona si que me mordí el labio inferior de costado. Pero no me moví. Estuvo
esperando. Mirándonos a los ojos como 2 minutos. Hasta que se corrió hacia
atrás y me pidió que me quite la ropa y me secuestre. (Claro me voy a poner en tetase
delante de ti, pensé)me saque todo menos el corpiño. Me acosté y ahí me lo
saque.
Me masajeo de otra forma, o a lo mejor yo lo sentí de otra forma. Su
tacto era suave y superficial. Me rozo un par de veces el costado de los pechos
yo sonreía y me mantuve en absoluto silencio. Termino y salio del box. Pase a
los aparatos y no lo vi., hasta que antes de terminar se me acerco y me dio una
orden para que me haga un estudio.
Cuando me hice el estudio volví a
pedir turno con el.
Entre en el consultorio y me sonrío
ampliamente. Le di el estudio y se dispuso a revisarlo, miraba el papel y me
miraba de reojo. Le sonreí picadamente. Me pidió que me siente en la camilla y
me saque el suéter. Me metió la mano bajo la remera y me toco la espalda mirándome
a los ojos. Yo le sostuve la mirada hasta que volvió a ponerse a pocos
centímetros de mi cara (imagínense que por su altura tenia que agacharse) yo seguía
en mi plan de “no te acoso” y no me moví. Le sonreí y lo seguí mirando a los
ojos. El achico la distancia y me comió la boca.
Sus labios eran suaves y fuertes
y su piel raspaba como una lija fina. Primero fue sólo contacto de labios como si esperar que yo me separara
(cosa que debería haber hecho) luego su lengua recorrió mis labios aun cerrados
como pidiendo permiso para entrar en mi boca. Separe un poco los labios y él
hizo el beso más profundo, más intenso, más hambriento. La danza de lenguas en mi boca se
sincronizaba con las caricias en mi espalda (nunca saco la mano de debajo de mi
remera) acercando mi tórax al suyo y su otra mano en mi nuca guiando mi cabeza
en suaves movimientos e inclinación regulaba la intensidad del beso.
Nos besamos unos minutos que
parecieron eternos. Nuestras respiraciones estaban agitadas cuando por fin nos
separamos. No pude mirarlo a los ojos cuando nos separamos
-
discúlpame, no se que me paso. Dijo al notar que no lo
miraba
-
no hace falta que te disculpes, agregue, besas muy
bien.
-
Queres ir a algún lado?. Me quedan tres pacientes y
termino.
Yo era conciente que si le decía
que no, no iba a insistir y que si le decía que si mientras lo esperaba todo
ese mambo que tengo últimamente, acerca de que no esta bien lo que estoy
haciendo, cuando engaño a mi marido me iba hacer dimitir. Pero el Dr. Sebastian
es muy lindo. Él noto la duda y agrego
-
no quiero presionarte..
-
te espero en la sala? O nos veos en otro lado, lo
interrumpí antes que diga algo más.
-
Espérame en la esquina. Voy a tardar unos 15 minutos.
-
Bueno, san martín y Vélez Garfield?
-
Si, ahí tengo el auto.
-
Dale. Me puse el suéter y Salí.
Diez minutos después él aparecía
en la esquina (pobres pacientes)
Subimos a su c3 y fuimos a un
telo que para ser sincera estaba peligrosamente cerca de mi casa. Apenas
entramos empezó a besarme de nuevo. La ropa me duro puesta lo que un suspiro
dura en el aire.
Ahí estaba paraba bajo la mirada
profunda del Dr. Sebastian que todavía estaba completamente vestido. Me alzo
(tarea difícil si se me permite) y me llevo a la cama, me senté en el borde y empecé
a jugar con su cinturón, mientras él en silencio seguía mirándome (me hubiera
encantado saber en que pensaba) le baje un poco el pantalón sólo lo suficiente
como para liberar su virilidad y empecé a lamérsela, recorriendo su
longitud para luego introducirla en mi
boca. El me tomo del pelo y empezó a mover su cadera. Aguante las embestidas.
La delación concluyo cuando él me pidió acabar en mi boca y me Negeb. Me volvió
a mirar largamente mientras el se desvestía y se acostaba a mi lado.
Se puso un preservativo y me cojeo
en posición del misionero, dos veces.
Es raro que yo llegue al orgasmo
en esa posición pero acabe varias veces. No se era algo en la manera en que se movía,
en que mordisqueaba mis pechos mientras susurraba cosas del tipo “que suave que
es tu piel” “me encanta estar éter tus piernas”. Nada zarpado, todo muy dulce.
No se…
Nos duchamos y nos fuimos.
Pautando volver a vernos la semana siguiente.
Mientras me llevaba hasta el garaje
donde había dejado mi auto (cerca del consultorio) un mensaje de texto me
anuncia que alguien me había visto salir del telo. Pero esa es otra historia…
Comentarios
Sos una diosa .. Tus relatos como siempre los mejores.. super exitantes.
Te mando un beso y segui con tus relatos que me fascinan.
Te mando un beso enorme y segui con tus relatos hermosa.
PD: Te escribo por P! para identificarme.-
Un Abrazo Miguel
crpo-18@hotmail.com
Un Abrazo Miguel
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Un Abrazo Miguel
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